5/26/2006

EL CÓDIGO


NACIÓ en una aldea remota, de una mujer de posición humilde. Se crió en otro pueblecito, donde trabajó en una carpintería hasta los 30 años. Luego estuvo predicando tres años en diferentes lugares.

No escribió ningún libro. No desempeñó ningún cargo público. No tuvo ni familia ni casa. No fue a la universidad. Nunca fue a una ciudad grande. Nunca viajó a más de 300 kilómetros de su lugar de nacimiento. No hizo ninguna de las cosas que normalmente se relacionan con la grandeza. No tuvo más credenciales que sí mismo.

Solo tenía 33 años cuando la corriente de la opinión pública se volvió en su contra. Sus amigos huyeron. Fue entregado a sus enemigos y se vio sometido a una parodia de juicio. Fue condenado a la pena de muerte junto a dos ladrones. Mientras agonizaba, sus ejecutores se jugaron la única posesión que tenía en el mundo: la ropa que llevaba puesta. Una vez muerto, lo colocaron en una sepultura prestada por un amigo compasivo.

Diecinueve siglos han pasado, y aún sigue siendo la figura central de la raza humana. Todos los ejércitos que jamás han marchado, todas las armadas que jamás han navegado, todos los parlamentos que jamás se han reunido, todos los reyes que jamás han reinado, todos juntos, no han afectado tanto la vida del hombre en este planeta como esa vida única. Me refiero a Jesús.

¿Quién cree usted que es el hombre más grande de todos los tiempos? ¿Cómo mide usted la grandeza de un hombre? ¿Por su genio como militar?, ¿por la superioridad de su capacidad mental?, ¿por su fortaleza física?

A varios gobernantes se les ha llamado Grande o Magno, como a Ciro el Grande, Alejandro Magno y Carlomagno, a quien se llamó “el Grande” aun mientras vivía. Por su imponente presencia, hombres como estos influyeron profundamente en los que fueron sus súbditos.

Es interesante el hecho de que el historiador H. G. Wells describió cómo mediría él la grandeza de un hombre. Hace más de 50 años escribió: “Para el historiador, en esto consiste la prueba de la grandeza de alguien: ‘¿Qué dejó plantado para que se desarrollara? ¿Puso a los hombres a pensar en nuevas direcciones con un vigor que persistiera después?’”. Wells llegó a esta conclusión: “Si se aplica esta prueba, Jesús está en primer lugar”. Hasta Napoleón Bonaparte señaló: “Jesucristo ha ejercido influencia y mando sobre Sus súbditos sin Su presencia corporal visible”.

Sin embargo, algunos han presentado la objeción de que Jesús no es una persona histórica, sino un mito.Otros afirman que fue simplemente un hombre bueno. Muchos, al otro extremo, han idolatrado a Jesús como si fuera Dios, y han dicho que Dios vino a la Tierra. No obstante, Wells, fundando sus conclusiones solo en la prueba histórica de la existencia de Jesús como hombre, escribió: “Es interesante y significativo el que un historiador, sin prejuicio teológico alguno, descubra que no puede describir el progreso de la humanidad honradamente sin dar un lugar de prominencia a un maestro pobre de Nazaret. Un historiador como yo, que ni siquiera se llama cristiano, descubre que el cuadro va girando irresistiblemente en torno a la vida y al carácter de este hombre tan significativo”.

Actualmente, debido al libro "El código Da Vinci", de Dan Brown y el film del mismo nombre, algunas personas ponen en duda lo que se conoce de la vida de Jesús. Pero es bueno recordar que no es la primera vez que esto sucede. Hay que tener un sentido crítico desarrollado e investigar sobre el tema para no dejarse llevar como hoja que lleva el viento por cualquier tipo de información.
Personas que han visto este Blog
Personas inteligentes han visto este Blog